lunes, 30 de julio de 2012

Hipocondríaco

¡Hola, me llamo Antonio. Soy hipocondríaco!
De esta manera, con estas palabras y puesto en pie empiezan mis sesiones dos veces a la semana. Sesiones grupales de mejoras de calidad de vida y apoyo psicosocial para personas con hipocondriasis y baja autoestima. Somos siete y el psicoterapeuta. Todos hablamos. Contamos lo que nos pasa. Queremos mejorar nuestra situación y -si es posible- curarnos. Yo que estoy enfermo y no he sido capaz de curarme ni con ayuda de un profesional doy consejos a otros seis y los otros seis que no han conseguido curarse ni con ayuda de un profesional me dan consejos para curarme.
Si Kafka estuviera vivo se cortaría las venas por no haber intuido una situación de estas.
Lo mio me viene desde que tengo uso de razón y empecé a ir a la escuela. Era una estrategia de escaqueo: "no me encuentro bien". Ahora se ha cronificado y estoy dónde estoy. Mi vida, con esto, es nada apasionante. Soy uno de los millones de pobladores del planeta tierra. Nada apasionante, repito.
Ser hipocondríaco viene a significar que yo pienso que padezco de todo pero en realidad no tengo de nada. El médico que me lleva sabe que no tengo nada y cada vez que me visita me pide de todo. No existe ninguna prueba que no me hayan hecho. Todo es normal siempre. Yo sigo pensando que estoy enfermo de todo y visito las urgencias con regularidad. El médico que sabe que no tengo nada me solicita todas las pruebas con regularidad. Esto es ser hipocondríaco.
A veces pienso que está peor el médico por hacer lo que hace que yo por pensar que tengo lo que no tengo. Veremos en qué termina todo. De momento mis sesiones van por buen camino y progreso adecuadamente. O sea, sigo igual. No me curo de nada ni mejoro y lo subvenciona el estado del bienestar. Pues que bien.
Ahora que ya conocéis parte de mi vida sana pero que me mantiene constantemente enfermo paso a contaros mi última visita a urgencias. Nada puede interpretarse como anómalo. Tres horas y pico de espera en las que aprovecho para hacer ejercicios de relajación y para relacionarme con otros sufridos aspirantes a ser visitados por un especialista.
Colecciono cuentas de Facebook y de Twitter porque mi psicoterapeuta me ha dicho que es bueno que esté socializado. Tengo miles de amigos. Perdonadme un momento pero me llaman.
¡Bueno Antonio, qué tal estamos! Psé. Creo que tengo una enfermedad nueva. Padezco síntomas que nunca antes había tenido. ¡Es normal! La medicina avanza y cada día descubrimos alguna patología nueva que ni Harrison ni Farreras fueron capaces de describir en sus respectivos tratados. Pues será eso.
¡Pero tranquilo Antonio, lo más seguro es que no sea nada! Odio esta frase. ¡No será nada! Nunca es nada. Tenía un amigo -que es paz descanse- que tenía lo mismo que yo. Le dijeron "no será nada" y a la semana lo enterrábamos.
Otra vez en observación y a pedir pruebas. De todo. Las enfermeras lo llaman "un completo". Hay que joderse. Se que soy hipocondríaco y que no tengo de nada pero al pedirme de todo pienso que quizás tenga algo y me pongo más enfermo todavía. Mis espectativas de curarme se desvanecen. Ahora mismo llevo un camisón enseñando el culo. Un neceser con lo suficiente para el aseo personal. Algo para entretenerme: La nintendo DS, la play, la tablet plus de 32 Gb, el móvil, el net-book, la consola, la Xbox, unas memorias USB, etc. Libros de mi interés y una gran bolsa de cargadores porque no hay ninguno que sea igual. Las revistas me las proporcionan las enfermeras que las han cogido al descuido de otros enfermos.
Pero no se puede leer ni hacer nada. Es imposible. Empiezas y ¡Antonio que nos vamos a ecos! ¡Antonio estire el brazo que le sacamos sangre! ¡Antonio que vamos a Rayos! ¡Antonio tiene que orinar en este botecito! ¡Antonio que nos vamos al Tac! ¡Antonio túmbese que le haremos un electro! Así no se puede leer ni entretenerse en nada. Aborreces los libros. A los tres días pides si te puede ver un médico (por favor) ¡Antonio, hay que tener un poco de paciencia. Estamos haciendo pruebas y sólo lleva tres días! Lo siento.
Mientras esperamos los resultados tiene que tomarse las pastillas para ser feliz. Cada ocho horas y una para dormir a las dos de la madrugada. A esta hora estoy durmiendo. ¡No se preocupe que le despertaremos para que la tome! No es ninguna molestia. Estamos para eso. Lo que está prescrito se hace. Estoy seguro que me están engañando con la pastilla para la felicidad. Es una pastilla Juanola o una sacarina. Quieren potenciar mi autoestima. Gracias. Me dicen que traiga el agua de mi casa. Cobro una pensión no contributiva y no tengo dinero para pagarme frivolidades. ¡Pues aquí no tenemos!
¡Antonio, ha tenido suerte! ¡Ya quisieran muchos! Me visitará un médico. ¡No! Le hemos encontrado una cama en una habitación. ¿Estará contento, no? Qué bien. Enseguida estaré preparado. ¡Tranquilo Antonio, primero tienen que bajar al difunto y luego limpiar la cama y la habitación! Soy hipocondríaco, joder. Además, por las noches no me gusta estar en cama. Prefiero la butaca y leer un poco. ¡Pues usted verá! Que voy a decir.
Al día siguiente de tener habitación sigo en observación. ¡Antonio, el médico ha decidido darle el alta en lugar de ingresarlo. Un ingreso innecesario siempre provoca un trauma psicológico de consecuencias impredecibles! Si el médico que nunca me ha visitado ha decidido darme el alta es que debo estar mucho mejor. ¡No, Antonio. Usted no está mejor. El hospital está mucho peor! Acaban de cancelar la habitación por los recortes y esas cosas de la crisis. Lo sabía. ¡Vístase y que vengan a buscarle antes de que le de otra crisis de alguna de esas enfermedades que no tiene! Salud.