jueves, 28 de julio de 2016

Aventuras

Los diálogos pausados y certeros entre personas coherentes y del todo insobornables me atraen. Instalados en la realidad y en la profesionalidad. Amparados en aquello de que igual la utopía no existe. Y esas cosas de es verdad o no es verdad.
Capaces de conocer el mérito donde lo hay y reconocerlo. De las pifias lo mismo, si es el caso. La mirada estudia la persona y su entorno. La gestualidad de una silueta. El tono de una voz sin prisas. Enredados en la supervivencia de la vida. Así comenzó el día.
Entre palabras, miradas y gestos de los de siempre. Y el café que era de verdad. Que quienes seguís este blog ya sabéis quienes son los de siempre. Esta gente mayor y madura. Inteligente y sabia por los años. Que sólo dejan de hablar para degustar su café con sacarina. Una idea sobre la mesa en un día que amenaza más calor todavía. Estas próximas navidades tiene que haber libros.
Estamos en verano y se anticipan. Porque el tiempo tiene mucho valor a cierta edad. Uno no sabe. Ningún niño sin un libro de aventuras. Es cuestión de organizar el tinglado. Recogida de libros en donación. Catalogarlos. Y en navidad repartirlos a los niños y no tan niños. Muchos son abuelos y saben de qué hablan.
A través de los colegios si damos por hecho que son la cuna del saber y de la conciencia del saber. Otros reparten comida. Que también. Nosotros cultura que mucha falta hace. Máxime cuando el ministro del deporte hace tiempo que ha puesto el chiringuito en venta porque está contratado eventual.
No es un tema menor aunque es posible que los haya más importantes. La conciencia de ciudadano libre tiene que venir a través de la cultura. De la cultura en general. Es un trabajo que ya se ha hecho en otro orden de cosas. Será fácil pues siempre que tengamos suficiente voluntad y voluntariado para acometer el empeño.
Hay que llegar a todas las sensibilidades de la comunidad educativa inteligente como clave del éxito. Se excluyen libros religiosos y de política porque en ambos casos se miente más de lo imaginable. Además es algo muy personal y secundario. Prima la aventura. No haremos ascos de la narrativa, poesía, ensayo o teatro. Pero los niños necesitan aventuras para afrontar con garantías la edad adulta responsable.
Alguien apunta a la colaboración de los intelectuales. Ya empezamos con más de lo mismo. Como si la intelectualidad fuera algo exclusivo de los que han escrito un libro, han sido protagonistas de una película o tienen un premio de su ayuntamiento o comunidad autónoma. Cavilaciones y discusiones constructivas para el éxito de la empresa.
Dicen que vivir y escribir van de la mano. Leer y vivir dignamente, también. Que nadie ponga pegas a la libertad de pensar a través de la lectura de un libro. Pues eso pensamos todos los que pensamos. Incluso nos hemos permitido extravagancias. Una pequeña dosis de lucha para que la utopía se haga realidad. Es un paso más en la actitud ante la vida.
Queremos empezar fuerte y con tiempo para asegurar el éxito y la permanencia.
Las palabras atrapan. Si son de aventuras, en los años jóvenes,  más y mejor. La necesidad de imaginar empieza en la infancia. De pequeños. Vamos a apartar por unas fechas los utensilios electrónicos para volver al papel escrito. Letras gastadas de haber sido leídas. Esquinas de hojas amarillentas de haber sido manoseadas o acariciadas. Algún subrayado que ya tiene dueño. Hacer un robado de alguna anotación al margen que nos gusta.
Pero nos da igual. La idea para vender la idea es la del perro de Sebas. Cicerón. Que viene hasta ti con un libro en la boca. Te lo deja encima para que se lo leas. Se sienta delante con mirada de interés en espera de que empieces la lectura de la aventura. Será un buen reclamo.
A todo esto no ha cesado el bullicio de la gente que pasa con prisa por aquello de no llegar tarde. Los conductores que tocan las bocinas de forma llamativa para ganar minutos en lugar de levantarse un poco antes. El sol ha salido de escándalo. Veremos lo que ocurre el resto del día.
Salud.

miércoles, 22 de junio de 2016

Fogatas

Viene Eugeni tranquilo. En sus zapatos cómodos y relajados. Con cara de no tener prisa ni pasar pena. Viene de preparar la fogata de Sant Joan. La del fuego agitado en la noche más corta. La que quita las penas del alma. Y esas cosas que se dicen.
Ha ido al bosque ha recoger leña. De los árboles caídos y de las ramas secas. Ahora que estamos en verano son un peligro. Arderán controladamente en la noche de Sant Joan. Sobre la arena de la playa y en el fresco del mar. La brisa de poniente que te relaja del bochorno del día.
A pocos metros del bar de Pepe. Hoy hemos tratado el tema en la tertulia. Tendremos fiesta y verbena. Música y mojitos para los mayores. Los jóvenes estarán en la playa sobre sus toallas. Detrás de las barcas. En la intimidad de la negrura de la noche. Casi en la clandestinidad. A desearse cosas bonitas. Se tocarán y besarán a tientas entre las algas y las olas.
Es la noche mágica por excelencia. Se prometerán cosas próximas y lejanas. Pedirán deseos y cosas parecidas. Se jurarán todas las cosas posibles. Arderán en deseos. Esos cuerpos que se anhelan en lo que queda de luna.
Yo dejaré velas encendidas en el porche. Protegidas en frascos de cristal que viene el aire y las sopla y apaga. Noche profunda y merecida. Con música de habaneras que los mayores cantan porque las aprendieron de pequeños.
Nadie pone límites a la noche. Ningún acontecimiento la desplaza. Ninguno. Los minutos se hacen fugaces y nuestros cuerpos se atraen. También los sentimientos y los buenos deseos. Es la noche de las fogatas. La de pedir imposibles.
Este año me han prescrito una madurez adecuada y sin sobresaltos. Lo cumplo a rajatabla. Intercambiaremos discretas miradas de complicidad entre algunos. Los padres ya no preguntan por los hijos. Están donde deben estar. Donde hemos estado todos cuando éramos jóvenes. En algún lugar secreto de la playa y las rocas. Aprovechando el cuerpo. Consumiendo hormonas.
Algunas parejas son como náufragos en islas desiertas. Esta noche de las fogatas la sociedad no existe. Cada uno y la nada. Luego serán bonitos recuerdos en el tiempo. Armoniosa noche de siluetas intermitentes. No hay sueños. Todo es un sueño. Quizá cuando despierte el día. Cuando sólo será visible el humo y las cenizas. Y la mente tortuosa nos recordará con insistencia lo ya inalcanzable.
Llegará la madrugada y la música se irá a otra parte. La gente en sus casas. Eugeni tomará el primer café con Pepe y otros contemporáneos. El mar nos devolverá la brisa cautiva de la noche. Los jóvenes apagarán sus ansias como puedan.
La noche está pensada para ciertas cosas. La razón se queda en casa. Salimos vestidos de instintos. Esta noche de fogatas vale la improvisación. Según vengan las cosas. Yo me acostaré sin ti. Pero te pensaré hasta el alba. Salud.   

jueves, 9 de junio de 2016

La esquina

Héroe tardío porque se lo debía a la vida. Viniste a mi para secarme las lágrimas. Pero yo no tenía lágrimas y tu no tenías pañuelo. Así fue como empezó todo.
La historia te engulle o te perpetua. No siempre depende de nosotros. Son cosas que pasan al margen o a pesar de todo. La imaginación de la nada y de la ausencia sólo se filtra a través de la oscuridad y las penumbras. Y aparece el vértigo. De tanto oler el humo lo seguí y me condujo a las cenizas. Porque sólo había cenizas.
Intenta el poeta neutralizar la muerte consumiendo lo eterno. Pero naufraga. Con la certeza del color blanco descubrí el color negro. Ahora he conseguido convivir con todos los colores.
Después del centro de la vida hay más vida. La siguiente. Pero es tardía y tiene que vivirse de otra manera. Yo he aprendido. Más tranquila y sosegada. Donde no basta una gota para colmar un vaso. Donde no basta una tormenta para buscar refugio. Donde en un minuto puedes tener varias sonrisas.
No quiero ocupar la mente y el alma pensando en el vacío. Que luego no me basta el tiempo para ver los sembrados y disfrutar de la sombra de las encinas y las higueras. Dicen que la niebla enlentece los pasos. Que más da cuando no tienes prisa. Cuando el mar llega a mis pies me intimida. Es demasiado grande.
He leído libros. Pero no todos los libros. Camino por las calles, pero no piso todos los adoquines. He vivido días, pero no todos sus minutos. Ahora no valen lloriqueos de plañidera. No me preocupa que los perros ladren a mi paso mientras no me falte el aire.
Oigo música. Quizá es el viento. O el eco de algo pasado. Me he propuesto empezar a vivir lo que me queda pendiente. Y mañana haré lo mismo. Y así cada día. No tengo porqué regalar nada.
Ese oficio de escribir lo aparente. Como dos vidas paralelas. La real y la de la pluma y papel. Sobre las líneas y entre líneas. Con notas al margen. Mientras mi mirada perdida se concentra en todo lo que me rodea. Y la imaginación que no para. Mientras siga teniendo deseos.
Ese día que perdí las llaves y un gracioso me dijo que estaban en el fondo del mar. Quité la cerradura y mi casa permanece siempre abierta. El viento es el más atrevido. No pide permiso. Levanta las  cortinas y los visillos y pasa.
El tiempo es invisible de noche. Por eso están las farolas y la luna. A veces le sigo el rastro. A veces la vida viene en sentido contrario. He visto el sol del verano al final de la primavera. No sé si es bueno. Pero es así. Necesito que otros ojos estén pendientes de los míos.
Sólo perdura lo que tiene un porvenir. Ahora la humedad se ha pegado a mi. Igual que mi sombra. Las aventuras duran poco. A veces duran toda una vida. Todo eso que acabas de leer es verdad porque lo sé de buena tinta. Todas las guerras son miserables. Igual que el que las manda.
Hay momentos en que cuesta mucho defender tus recuerdos frente a la desmemoria. Enfundado en mi cuerpo provisional. A solas conmigo. He escuchado ese sonido erótico de una cremallera cuando se abre. Salud.

miércoles, 1 de junio de 2016

Turaida II

Turaida le comunicó al general que la pretendía que su corazón ya estaba comprometido. Esto desató las iras del militar. Un día el general le hizo llegar una nota a Turaida citándola en una casa de madera de un bosque cercano a palacio.
Fue una trampa. La princesa no se percató de ella. El general se hizo pasar por el joven aprendiz de jardinero. De lo contrario la petición de la cita hubiera sido en vano. Cuando Turaida llegó advirtió el engaño. Era tarde. Antes de ser deshonrada se quitó la vida.
Las casualidades de las historias convertidas en leyendas a través de los años hicieron posible que un amigo del joven jardinero fuera testigo de todo lo que allí pasó. Alertado por los gritos que el eco esparcía por el bosque. Fue el propio general el que procuró que todos supieran del caso y de que el autor de tan horrible crimen había sido el discreto pretendiente.
Inmediatamente fue apresado y juzgado. Murió inútilmente cuando una afilada hacha le separó la cabeza del resto del cuerpo. Su cabeza estuvo expuesta como advertencia.
El general quedó atrapado por los remordimientos y dejó el ejército. Entró de obispo después de pagar una buena suma de dinero a la iglesia. Dice Vladimir que es como se hacía en aquellos tiempos y quizá también en estos aunque no lo puede afirmar.
Pasó a vivir de forma holgada y con servidumbre en un pequeño palacete anexo al castillo y destinado a esos menesteres. De vez en cuando daba consuelo al rey que murió de la enfermedad de la pena al poco tiempo. El obispo empezó a pasar demasiadas noches en vela atrapado en sus recuerdos. Formaba parte de un tribunal eclesiástico y sus decisiones valían la vida o la muerte.
Ya he dicho que cuando la historia no es buena lleva aparejada una leyenda. Bendita leyenda. Vladimir la conoce y me la hizo saber.
El amigo del joven aprendiz de jardinero ejecutado siguió todos los pasos del general convertido en obispo. Le siguió día y noche. Memorizó todos sus pasos. Cuando y cómo hacía todo. Conocía bien el castillo, el palacete de los obispos y el bosque. Un día el obispo se ausentó de su casa a unos trabajos que le requerían. El amigo que había presenciado todo le siguió.
Se apostó en el bosque casi al anochecer y con una luz tenue debido a los grandes árboles. Paró su carruaje. Le explicó que sabía lo sucedido. No dejó que hubiera más palabras porque le podía la determinación. Mató de forma certera al general y obispo pretendiente de Turaida. Un amigo de Vladimir me dijo, en voz baja, que conocía la verdadera historia y que era de otra manera.
Desde aquellos tiempos incuantificables el pueblo rinde, una vez al año, un sentido homenaje a Turaida. La que estaba llamada a ser reina. El bosque lleva su nombre y han sembrado un árbol en su memoria.
He dado esta historia y su leyenda por buena. No he querido saber más. Me ha parecido de un romanticismo que ya no se lleva. Así me la contaron y así la he reproducido. O no. Que la literatura se nutre también de la imaginación. Salud.

jueves, 5 de mayo de 2016

Turaida 1

El título se corresponde con el nombre de una niña que el tiempo convirtió en una bella joven y que, como en tantos cuentos o leyendas, terminó sus días de una forma trágica.
Quiero hacer una aproximación a Umbral cuando dice que ha revisado su vida y ha descubierto que ya es mucha aunque las pruebas médicas dicen que está bien y el médico así lo ha firmado. A mi me pasa lo mismo. Y como quiera que esto es así intento aprovechar el tiempo al máximo. Casi hasta la esclavitud. Mientras el tiempo sea mi aliado quiero aprender y conocer mundo y culturas.
Recientemente he estado por unos lugares fríos. Tirando al norte de Europa. O más o menos que para contar una leyenda o una historia no importa tanto el lugar sino lo que realmente dice la gente qué paso.
Es un lugareño atento y vestido de negro con gorra incluida. Mano temblorosa y voz potente de fumador de toda la vida. Buena memoria que suele ser imprescindible para esos menesteres. Niveles de cerveza en sangre adecuados para la ocasión.
Dice Vladimir que eran dos pueblos con sus respectivos reyes, señores y vasallos. Ejército y pueblo deprimido por todo tipo de carencias típicas de la época. Una amistad frágil por imperativo de la supervivencia.
Un día un mal entendido. Y decidieron cambiar el curso de la historia a través de las armas y la sangre ajena. Invadirse mutuamente para aclararlo todo. Reunieron a sus generales y a su ejército. Prepararon la tropa. Entrenaron a los jóvenes para la lucha pero no para la muerte. Y consultaron a sus dioses para ser bendecidos por lo que pudiera pasar.
Buscaron un lugar adecuado para hacer una guerra como dios manda. Los días más propicios ya estaban señalados. Los dos se sabían vencedores en el menor tiempo posible. Ninguno fue a pensar que el que gana también pierde mucho.
Fue un día cualquiera, dice Vladimir, que decidieron dar voz a las armas. Día gris con viento y nieve que habitualmente suele darse por esos lugares del norte de Europa. La guerra sólo duró meses. Entre batallas y descansos retiraron los muertos y los heridos. Prendieron fuego a las casas y a los sembrados. Hubo pánico entre el pueblo sufridor y superviviente.
Al final, como siempre, el ganador quedó totalmente diezmado y sometió a los pocos que quedaban del otro pueblo. Un día el rey vencedor se paseaba por entre cadáveres y heridos que gritaban el dolor entre la niebla impregnada de humo. Se escuchó el llanto de una niña. La cogió en brazos y se la llevó a su castillo. No tenía descendencia y adoptó a la niña como a su hija legítima.
Fue educada como se merecía. Creció y se convirtió en una bella joven. Admirada por todos y pretendida por muchos. Ella entregó su corazón a un joven aprendiz de jardinero de palacio. Todo se llevaba con gran secreto. La joven princesa rescatada de los brazos de su madre muerta en la plaza de un pueblo en llamas fue bautizada con el nombre de Turaida.
Un influyente general la pretendía para convertirla en su esposa. Solicitó la aprobación de un rey muy mayor y decadente que dio su consentimiento. Salud.

lunes, 14 de marzo de 2016

Las rimas

Dice un estudio que cada vez pensamos menos. Que por eso hemos ido adquiriendo cualidades inútiles. Una obsesiva búsqueda de lo superfluo. Desechamos lo importante por desconocimiento. Queremos lo fácil y rápido. La supervivencia del pensamiento.
Soy poeta. Le dedico tiempo a la poesía. Y a la filosofía. Necesito saber la verdad. Aunque no rime. Sobretodo si es importante y me permite pensar. Necesito saber si es útil lo que hago. Quizá la culpa sea de las rimas. Ahora mismo no sé si una proeza poética merece un reconocimiento o es preferible huir de los aplausos.
Seguramente tengo cualidades inútiles por culpa de pensar menos. Como plantar alfalfa en vez de rosales. Como los arqueólogos que estudian ruinas. Para saber cosas que a la mayoría no nos interesan. Que la vida anda unos caminos al margen de los pensamientos y de la sabiduría útil.
Ya no sé si quiero tener un jarrón para mirar o para usar. Es evidente que no basta que una cosa sea bella. Tiene que ser útil, además. Aunque sea para decorar.
Dice el estudio que pensamos menos. Yo creo que pensamos lo suficiente. Pensar más de lo necesario podría ser absurdo. Estaba pensando que cada uno podría pensar una cosa distinta. Siempre sería más provechoso que todos pensemos lo mismo. O quizá no. Lo dejo para los que hacen estudios de esos. Cuando la filosofía se pone pesada pasa eso. Piensas. La mirada inútil de la memoria sólo ve olvido.
Le das vueltas a las cosas y luego no sabes salir. Por eso lo escribo. Soy un liante. Me quieren liar.
Si miro el mar con detenimiento puede llegar a ser monótono aunque el aire que respiro sea el mejor. El aire de la montaña es excelente para el cuerpo pero sólo ves árboles y matorrales. Sería bueno poder combinar todo lo útil y dejar el resto. En este caso la poesía tendría que tener rima y leerla en un entorno idílico. En silencio o con música de Mari Trini.
El ser humano hace cosas inútiles que le reconfortan. Los sabios lo han dicho y hecho. Como aquello de plantar un árbol aunque te vayas a morir al día siguiente. O aprenderte el Quijote de memoria aún siendo mudo y nunca podrás recitarlo. No sé si pensar más es bueno para la humanidad. Tal cual están las cosas. O las cosas están tal cual por pensar menos.
Puede ser que la poesía sea inútil. Pero soy poeta. Y la seguiré leyendo y escribiendo. Aunque no tenga rima. Eso estoy pensando un día discreto y fluido. Con un comportamiento habitual. La cuestión es que el corazón tiene que latir. Y la sangre tiene que fluir. Y el aire tiene que oxigenarme. Los sentimientos tienen que aflorar a cualquier acontecido.
Después de haber leído que de cada vez pensamos menos la vida me parece distinta. Porque los ignorantes desconocen la ética y la moral. Viven al margen. No se enteran ni ellos ni los demás. Y después de eso que venga alguien y me diga que cada vez pensamos menos. Es que cuando escuchas a Mari Trini no puedes pensar. Salud.

viernes, 11 de marzo de 2016

Impertinencias

La memoria tiene una deuda conmigo sobre un acontecido entre tú y yo. De nuestra juventud. A lo mejor tú te acuerdas y me ayudas.
He encendido la chimenea porque no hay trincheras donde ir y el fuego me hace compañía. Menos mal del fuego. No es por el frío. Este invierno está domesticado y ha venido cálido. Ni siquiera el mar, a estas horas, lleva olas. También está manso y domesticado. Bueno, no siempre.
Se me ha ocurrido que también somos tiempo y que hacemos historia. De repente me he sentido abrumado por la responsabilidad de todo junto. Leo que el poeta ha desnudado su alma. Es un fraude. Solamente escribe poesía.
Foto de Gaspar Valero
En la Isla no tenemos ríos. Pero tenemos torrentes para cuando llueve. Este año, algunos, no se han estrenado. Otros han llevado un poco de agua que ni siquiera ha llegado al mar.
La neblina del amanecer no me deja ver el esplendor de la luz. Pero la presiento. La luz viene con el amanecer y esto ocurre todos los días. Esa luz que borra las cicatrices del día anterior. Dice el poeta que la ansiedad y la esperanza tienen un contrato de interinidad. Se alternan. Porque los días hacen mella. Los acontecimientos también. A veces las cicatrices tardan en desaparecer.
El gorrión de todos los días ha venido a comer las migas que le dejo en el suelo. Picotea un rato y luego se va. Yo le observo detrás de la cristalera. El gorrión carece de pasado. Sólo vive el momento sin más impertinencias.
Hoy aprovecho para curarme de mi cansancio semanal. Sobre todo de la parte emocional. Aunque el invierno parezca primavera. Que los días de la vida tienen momentos y minutos. Pero no tienen atajos. Reconozco que algunos días improviso. Los cálculos para los que no son de letras.
Ya dije en un tuit que las monjas de clausura no tienen espejos. No ensayan miradas y no saben cómo es su sonrisa. Pero ven cómo envejecen las otras monjas y no pueden decirlo porque viven en silencio.
Un día le voy a poner voz a tu silencio impertinente. Y saldrás de dudas. Sabrás porqué el sol duerme en el mediterráneo. Aunque algunos mantienen otras teorías que quizá no sean ciertas. Cuando el viento viene del norte el mar susurra también a los que no oyen.
Cuando ponga voz a tu silencio impertinente sabrás porqué los pájaros duermen en la montaña y el gallo canta al amanecer. Pero una cosa te digo, no me veo capaz de ponerle voz a tu mirada. Salud.

jueves, 3 de marzo de 2016

Curiosidad

Dice el poeta que la elegancia de la vida radica en su color. El que cada uno le quiera dar. En llevar sombrero y en llevarlo bien puesto. Que cuando el fuego empieza a ser impertinente es cuestión de ahogarlo en agua. A ser posible de mar que es salada.
Hasta que el pulso del solemne destino al que estamos sometidos vuelva a coger el ritmo adecuado. Que cada uno tiene el que tiene.
Las tormentas siempre han sido ruidosas y curiosas. Mandan rayos a la tierra para saber. Cómo son las mañanas, las tardes y las noches. Cómo son las personas y lo que hacen. Sobre todo, las tormentas, quieren información del mar. Que el molino sólo gira cuando sopla el viento. Y el perro también mueve la cola cuando le acaricias el hocico.
Mientras tanto los niños juegan en la calle. Hay algarabía pero los enfados  duran el tiempo que dura volver a poner la pelota a rodar. Por cierto que esta mañana he vuelto al lugar protegido. Ese lugar semi escondido entre barcas y alcobas y donde nos dijimos cosas bonitas por primera vez.
He visto tus sueños. Tan de tu estilo. De navegar hasta el horizonte por la simple curiosidad de ver lo que hay detrás. Las tormentas, en su curiosidad, también quieren saberlo. Pero ellas lo tienen más fácil. Hay cosas que desaparecen sin saber cómo. Incluso recuerdos. Cuando eso ocurre no nos queda otra que aullar en la noche para mostrar nuestra tristeza y enfado. Llenamos las mejillas de lágrimas mientras buscamos otro recuerdo parecido.                                   
El hielo necesita frio para mantenerse. Nosotros necesitamos minutos para vivir. Sabernos orientar en la bruma. Aguantar chaparrones y sirimiris. Es fácil tambalearse si no tienes buen equilibrio. Pero cuando falta el frio la nieve se derrite y el agua corre a refugiarse al mar igual que hacen las lágrimas.                                                                                                                                         
Yo he vuelto al lugar protegido. He dormido plácidamente en tu recuerdo. Mientras el tiempo pasaba con parsimonia. Al despertar he sentido tristeza por lo que no fue y debió ser. Como cuando las personas se pierden en la niebla o se comportan como extraños. Con una razón que no razona y una voluntad que no responde.
La decepción del niño cuando descubre que dentro del agua no se puede respirar y casi se ahoga. Estremecedor abismo interior. Ese que se vive cuando acabas un libro y el final no es el que te habías imaginado. No es el que esperabas. Y te molestas con el autor. 
Ahora mi pluma tantea el papel. Un moverse las ideas. La imaginación se hace atractiva e insoportable. Pero la tormenta me acompaña y me marca el ritmo con su curiosidad. Si acaso no aprobamos en Junio siempre nos quedará Septiembre.
Dice el poeta que cuando la muerte no se soporta abre las tumbas y sale. Se escapa. Porque la muerte no sabe lo que pasa fuera mientras está enterrada. En verano no habrá heladas y los pájaros seguirán durmiendo en las montañas
He cogido un vaso de agua medio lleno. He apagado la luz en busca del silencio y del sueño. Como cada día. Salud.

miércoles, 24 de febrero de 2016

Hoy

Hoy, en la tertulia, los contertulios no nos poníamos de acuerdo en quién era el más antiguo. El poeta ha mediado y ha puesto orden. Ha pedido seriedad y que nadie mintiera. Todo el mundo ha dado su palabra y eso basta. El más antiguo será aquel que tome más pastillas y que además tenga más cosas prohibidas por el médico.
Nos hemos reído un rato. Hemos hecho recuento y ha salido el más antiguo. Un honor para el que ha salido elegido y un choteo para los demás. Hemos tenido que repetir café porque la cosa se ha alargado.
Hoy, que el invierno está muy avanzado, es cuando pisamos más hojas secas en las aceras. Y es que este año todavía no han caído todas y los árboles y plantas ya insinúan las nuevas. El más antiguo ha dicho que son cosas del tiempo. Si lo ha dicho el más antiguo es que será verdad.
Hoy ha amanecido un día con tonos violáceos. Adecuado para un día intenso de trincheras pero reducido. Que por mucho que te pases te morirás el día que te haya tocado en suerte. Con los ojos cerrados y sin derramar una lágrima. Porque será una muerte consentida.
Los días como hoy existe la misma calma en el fondo del mar que en la cima de la montaña. Y el mar no te chilla. Te habla flojito o te susurra. El aire de la cima de la montaña hace lo mismo. Como quien no quiere la cosa me he dado cuenta que detrás de mi venía un fulano pisando mi sombra y algunas de mis huellas. A ver si las van a confundir.
Los despojos de la noche se los ha llevado el amanecer. Sin ruido. Sin casi darnos cuenta. Como debe ser. Hoy ha llegado con conocimientos y sabidurías. También han vuelto algunas carencias. Pero bueno. Las expectativas del mar, hoy, es llegar a todas las costas. Yo procuraré estar en alguna de ellas.
Una parte del día de hoy será doméstico. De andar por casa. Tengo electricista y fontanero y me tengo que comportar como buen anfitrión. Recuerdo que el más antiguo de los contertulios ha dicho que cuando se jubiló abolió la rigidez de los horarios. Ahora no lleva reloj y vive mejor que antes.
Antes de que se me olvide tengo que decir que el más antiguo ha dicho que el médico le tiene en la lista de las personas más sanas del pueblo. El poeta ha salido al paso y le ha espetado que no le extraña con tanta pastilla que toma y con tanta cosa que ya no puede hacer. Ha habido tensión y ha quedado claro que irá al médico para pedirle explicaciones.
Tengo una amiga de esas de hacer senderismo y hacer cima en las montañas de la Isla. La llamamos María Aspirina cuando realmente se llama Dolores. Lleva vividos más de setenta y se viste "vintage style". Llega a la cima como si la hubieran subido a hombros. El resto va dejando el alma por el camino para quitar lastre. Su médica le ha dicho que todas las pruebas han salido bien. Que no tiene nada. Lleva unos días angustiada pensando que si no llega a tener nada nunca se morirá. Esto le preocupa sobremanera.
Bueno, que se me hace tarde y el electricista y el fontanero me necesitan para la cerveza de cortesía. Que no sea nada. Voy a seguir viviendo. Salud.

domingo, 14 de febrero de 2016

Silencio

El silencio
la voz de nadie
la palabra callada
el ruido de la noche
el amante de la oscuridad.
Ni el viento se atreve
intimida y acompaña
forma parte del tiempo
del tiempo entre palabras
tiene su momento
con el que hacer camino.
Pero llega el día
amanece el ajetreo
se va la noche
despacio
y se lleva su silencio.
Aguarda en los huecos de la mañana
transita sin hacer ruido
consume minutos.
El silencio es nuestro.
Salud.