viernes, 15 de septiembre de 2017

Crecer

Un día que amaneció gris y no vi el mar. Enseguida me puse a dibujar olas. No fuera a olvidarlo. 
He oído un portazo. Alguien ha cerrado la puerta de forma brusca. Pero no hay nadie dentro ni fuera. Habrá sido el viento. Las cosas pasan para no volver si no es en forma de recuerdo. La vida se camina a cada minuto. Pero no se desanda. Todo queda. Tal cual según quien lo interprete. Por eso valoro la importancia de cada segundo y de cada momento. 
Pero me doy cuenta que vivo situaciones confusas. Como envueltas en celofán. Hay distorsión. Y me preocupa lo que quede y cómo quede. Lo importante, pues, no será tanto el objetivo sino lo que haga y viva para llegar a él. Se llega relajado y nunca con desespero. Lo dice el poeta. 
Hay quien está privado de libertad. Otros en libertad vigilada y la libertad dubitativa. La eterna metáfora de la vida y de la época de las tecnologías. Grave problema tiene el que no sabe qué hacer con la libertad. Si supieran los que vigilan la mía cuanto me preocupa o lo poco qué me importa. Recuerdo que en mi infancia tuve una libertad cómoda, protegida. 
Pienso que no todo lo que parece bueno lo es en realidad. 
Frédéric Chopin vino a Mallorca a curarse los pulmones. Vivió el peor invierno que hemos tenido en la Isla y casi se muere. Por escuchar consejos. El Archiduque Luis de Austria llegó y le gustó. Se quedó y vivió a todo trapo. Le estamos agradecidos a su mama que es la que pagaba.
Por cierto. Que una cosa lleva a la otra. Como siempre. Y me acabo de acordar que de pequeño tuve varias cometas. Mi padre me enseñó a hacerlas. Me dijo que les soltara hilo para que volaran libres. Ahora, a mi edad, pienso que no eran libres toda vez que las tenía atadas con una cuerda. O si. Depende de cómo se mire. A vueltas con la filosofía. Estaban manipuladas por mi mano y la cuerda y por el viento. 
En un pequeño salón hay un mueble repleto de fotografías. Percibo el pasado. La foto representa el pasado para recordarlo en el presente que pasa a ser pasado en el minuto siguiente. Es un círculo. Tengo que pensar más al respecto. Porque algunas son actualizables pero otras no. No se si me interesa.
Todo lo que vivimos pasa. Lo definitivo está por llegar. No hay prisa. Y por eso he decidido que ya estoy viviendo lo definitivo. Es la ventaja de los que carecemos de fe. Pero a conciencia. Tomando nota de los fallos. No fuera que no tuviera razón y hubiera una segunda parte y más. 
Pensando en lo que estoy escribiendo. Tengo cientos de fotografías de amaneceres y puestas de sol. No sabría contestar porqué las guardo. Cada día se repiten y las puedo contemplar en directo. Todo esto es el resultado de una tertulia mañanera de café descafeinado con dos terrones. Hablar con Eugeni o con el poeta no hace más que crearme más dudas.
Algún día formaré parte del mar. Y viviré en un vaivén de olas. Me desplazaré desde la playa a mar adentro y viceversa. Conoceré acantilados y dormiré en puertos. Los días de ocio me acerco a la playa y me dejo despeinar por la brisa refrescante. Si no puedo ir me imagino un mar relajado. El paraíso de la biblia está en el cielo. Pero no tiene mar. No será el paraíso verdadero. 
Después de todo eso me he tirado en el sofá y he puesto la canción Amores de Mari Trini. Que también habla de una barca y de unos remos. De la vida y del amor. Salud. 

lunes, 3 de abril de 2017

Respirar

Los minutos que más cuentan son los del descuento. O los de la prórroga. Los días de la vida pasan y se hacen viejos. También nos envejecen. Por eso procuro ser muy preciso en todo lo que digo y hago. Pienso y escribo.  Dice mi amigo el poeta que mientras espera un destino adecuado aprovecha para vivir al máximo y hacer cosas. La vida debe tener rincones en los que todavía no he mirado. Y eso que me paso horas sentado en el escalón de la puerta de casa para ver cosas. Y También miro desde la ventana. Pero al final terminas por pisar calles y caminos. Aquí es dónde aprendes.
Un contertulio de las mañanas llegó, un día, con un caminar más lento de lo habitual. Luego sus ojos dejaron de mirar y de fijarse en las cosas. Luego perdió el habla y la sonrisa. Empezó a vivir sus días de prórroga. Se nos hacía difícil verlo así. Empezamos a verlo menos hasta que dejamos de verlo del todo. Ahora hay días que le recordamos. De todo lo que dura una vida hay pocos momentos que son de felicidad. Pero puedes aumentarlos o no. Todos sabíamos lo que quería decir cuando no decía nada. También cuando dejó de decir. Nosotros seguimos con las tertulias de las mañanas porque las costumbres no se dejan. Que ya sabéis lo que ocurre. El alma, un buen día, te deja.  
Hay exposiciones sobre las edades del hombre. Pero hay otras edades que no tienen exposiciones. He leído que hay una edad para producir, otra para jubilarte, la de guardar los nietos o viajar y la de estar postrado en una silla sin hacer nada. La edad de vivir y la de vivir de recuerdos. Las de ver las lejanías como algo a conquistar y las de mirar los decorados y los paisajes con cierta opacidad. La línea del horizonte se mueve. A veces parece cerca y se ve asequible y otras se sitúa en la lejanía del tiempo. Así es la vida y su mar.
Pero los grandes males también tienen remedios. El mar. Su aire de salitre que todo lo cura. Menos a Frédéric Chopin que lo terminó de hundir. Tienes que respirar profundo sentado a la orilla. En la playa. Mientras el sol se pone en Deià. En la habitación de casa sólo amanece cuando retiro los visillos de las ventanas y abro las persianas. Entonces entra la claridad. Salgo de casa y me pongo a la intemperie para contactar con el mundo silencioso de las mañanas. Que poco a poco se vuelve ruidoso y tengo que seguir caminando por la acera que al principio es ancha. Los amaneceres nunca son iguales. Tampoco las puestas de sol. Ni siquiera los días.  
Y yo te sueño cuando los perros no ladran. Cuando las calles están iluminadas por farolas. Que la negrura de la noche es propicia para los deseos y los enamoramientos. El erotismo de la penumbra o la oscuridad. A partir de cierta edad la vida brilla sólo en apariencia y dura hasta la vida finalizada. Después de la vida de prórroga. Por las noches las tertulias se hacen en la calle y se habla de intimidades. Cuando los niños ya se han ido a dormir. En mi infancia eso también pasaba. Pero yo escuchaba mientras me hacía el dormido. De las cosas que se entera uno cuando los mayores hablan de cosas de mayores.
La noche tiene sus sonidos. Yo ya los conozco. Recuerdo que descubrí la muerte siendo mayor. Cuando llevas tiempo sin ver a alguien y te dicen que se ha ido o se ha mudado. La inocencia no cuestiona. Así de simple. No recuerdo cómo pero descubrí que lo de irse era verdad. Pero se iban a ningún sitio para siempre. Eso era la muerte y sigue siéndolo. Así también aprendí que uno no puede dominar las lágrimas. Pero que las que son de tristeza saben amargas. Yo no tengo ninguna urgencia en llegar a la prórroga de la vida. O a los minutos de descuento. Como cafetero que soy me gusta saborear los buenos momentos. Salud.

domingo, 2 de abril de 2017

Nacer

Todo empezó una tarde de otoño. A principios de Noviembre. Algo de lluvia y un frío de estreno. Fue entrar en contacto con el aire y empezar a llorar. Aún no sé muy bien porqué. El aire del pueblo es el del mar. Eran las seis y diez de la tarde. Justamente. Yo no olvido esas cosas. No puedo explicar el porqué pero no se trataba de molestar. Recuerdo el olor a sudor, a sufrimiento y a alegría.  Mi madre era así. Las manos expertas de una partera y una paciencia ilimitada de una mujer ansiosa. Yo hecho un manojo de nervios cuando escuché -es un niño!
Ahora, desde la perspectiva del tiempo, reconozco que fue una aventura de alguien sin experiencia. Una temeridad. Pero a lo hecho, pecho. Me adentré en el silencio de lo desconocido. Como un abismo vacío. Un camino por recorrer sin saber a dónde te lleva. Complicado de caminar. Un sol inocuo alternado de nubes de sirimiri. Yo sólo veía siluetas en la habitación de mis padres. Y escuchaba susurros porque entender a los mayores me resultaba complicado justo recién nacido. Reconozco que los comienzos fueron complicados. Las ilusiones eran muchas pero todas desnudas. Había que vestirlas, o no.
La mañana del día después desperté pronto y con hambre. Luego entendí que era algo normal. La mañana era pálida y se hizo larga. Yo con sueño y las visitas que no paraban. Así todo el día en brazos de alguien. Yo sonreía por quedar bien. Fue duro luchar contra el sueño. Salí de casa justo a los siete días para ir hasta la parroquia de la Almudaina (la seo o catedral). Vestido con mis mejores galas para que me hicieran católico. No lloré. Que quede claro. Fue complicado como lo es ahora. Sueños, bostezos, amamantado a ratos y esas cosas que ocurren cuando a uno le bautizan sin consentimiento.
A cada momento una aventura que ahora cuento en primera persona porque no quiero delegar en otros. Que se sepa toda la verdad y de primera mano. Debo aclarar que con el tiempo he desandado pasos hasta volver al ateísmo de antes de nacer. La vida me resultaba más fácil en aquellos tiempos porque yo no gestionaba mis problemas como hago ahora. Me costó distinguir colores y olores. Todavía tengo en mi memoria los de mis seres queridos. Y su voz. El susurro de una radio puesta todo el día. Con músicas en blanco y negro que ahora no se escuchan. Así la vida que otra cosa no había.
Mis aficiones por los amaneceres, atardeceres y puestas de sol fue más tardío. Iba descubriendo el aire, el viento, la lluvia, el sol, las cosas de cada día. Confundía los días con las noches porque dormía demasiado y comía a todas horas. Ahora controlo, incluso con las guardias en las trincheras. Puedo escribir esto porque quedan ecos de aquellos tiempos. Antes de que ya no los oiga. Que luego querréis saber y no podré contar. Fui adquiriendo habilidades y facultades. Ahora las voy perdiendo poco a poco. Pero como ya dije, he aprendido a estar bajo el agua sin respirar. También sé difuminarme en el aire, el viento y las sombras. No te puedes perder ningún amanecer. Mal asunto el día que lo haga. Cada recuerdo es un reencuentro conmigo mismo que de momento no me quiero perder. Los vacíos pueden provocar tristezas, pero las soledades no siempre. Las mismas cosas y personas que me provocaron felicidad también me han provocado tristeza. Por cierto que mi madre se llamaba Ana. Salud.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Diciembre

Las cenizas son el vacío. La nada. A veces resultan ser un recuerdo. Y ni siquiera sirven para hacer fuego y calentarse. Quizá el aire se repite. Porque el que respiro ahora se parece mucho al de ayer.  Te acostumbras a convivir con el aire que respiras.
Sé que el mar no llora. Aunque las lágrimas importantes son de mar. Al mar hay que mirarlo y tocarlo. Algún día puede que lo entienda. A veces resulta complicado. Y es que los momentos agradables de la vida de uno pueden caber en una tarde de otoño. En un día de invierno.
La cordura puede llegar a ser monótona, aburrida e ineficaz. Quiero vivir la locura de las olas cuando resultan poéticas. Que por mucho que se marchen de la playa siempre vuelven. Las horas que se suceden cuando duermo se pierden. Por eso los dioses vigilan mis sueños. Y la noche. También las farolas y los ladridos de los perros insomnes.
Cuando la imaginación es audaz nada es imposible. Nada queda lejos. Es un secreto.
Las buenas compañías en el frío y en el calor. De madrugada y al atardecer. Cerca de un café y un libro. Porque si caminas solo y te caes nadie te ayudará a levantarte. Miré a mi alrededor y no encontraba el camino. Me invente uno. El camino improvisado me devolvió a casa.
El mar también baña el horizonte igual que hace con mis pies. Y mientras guardo las letras que me sobran. Para otra ocasión.
Me dice un poeta inspirado que por mucho que luchemos por la vida nunca ganaremos. Al final no puedes eludir la muerte. Pero entre medias puedes vivir y ganar muchas batallas. Recuerdo que una noche soñé con la derrota y al día siguiente supe cómo ganar.
Por la noche las calles se quedan sin gente, sin ruido, sin luz y sin sombras. Tantas calles para nada. Un derroche. Por la mañana resulta que faltan calles. Es que nunca están puestas a gusto de todos.
Me dice un jubilado que a cierta edad la infancia le pilla un poco lejos. O bastante lejos. Pero la poesía sucede a cada momento desde la infancia. La vida en libertad tiene que ser auténtica. El jubilado no es lo que era. Todavía le queda por ser. Ahora procura ser. Que al final deberá haber sido lo que se espera de él.
Las noches, en otoño, son tempranas y largas. Y te provocan ceguera. Hay que imaginar y pensar.
Y vuelve el poeta a decirme que el tiempo es infinito. Pero que la vida no es eterna. La tenemos que compartir con otros. Si pudiera vivir todos los momentos del tiempo.
Hay días imposibles en que la única claridad se produce de noche. No es difícil pensar que he llegado a dudar de mis certezas. Pues la poesía nace del desasosiego. Cuando la penumbra empieza a tomas las calles.
Vio un clavo ardiente y se agarró a él. Lo llamo esperanza, mientras se quemaba. La luz del crepúsculo me devuelve la vida y el mar. A cambio de los sueños. La noche es la hora del naufragio del día. Es la hora del faro y de los recuerdos.
Si amas personas y cosas llegas a cogerles cariño y ternura. Las horas perdidas están al fondo del mar. Cada cosa que hagas tiene su sombra. La importancia del último paso que te conduce a la cima. O a lo más bajo. O a ninguna parte.
Madrugar mucho para empezar el día de noche. Luego llegará la luz que ahuyentará la oscuridad. Que el dolor existe aun cuando no se ve. Porque las lágrimas de pena son más densas y más grandes. El futuro está en la penumbra. Es borroso y te puede confundir.
Cuando llueve el campo se moja porque está a la intemperie. Y si la lluvia es intensa el horizonte no se ve aunque existen las lejanías. Cuando escribo a la luz del flexo me siento individual. Salud.  

viernes, 11 de noviembre de 2016

Intermedio

Hay un científico, que además es un intelectual, que habla mucho por la radio. Habla por los codos, como diríamos. Hace un rato ha dicho que tiene la certeza de que los sueños, a la mañana cuando uno se despierta, se van a un mausoleo. Y ahí se quedan. Hay miles de millones. Es comprensible.
Que todo lo de Freud y lo de interpretar los sueños son tonterías. Nadie puede saber el significado de los sueños. De lo contrario no serían sueños y habría que llamarlos de otra manera. Cada uno podría interpretar sus sueños según acontecimientos pasados o futuros. Es una cosa íntima y privada. Es algo muy serio.
Yo, de momento, estoy a otras cosas. Tengo poco o nulo interés en saber el significado de cada cosa soñada. Tengo conciencia de que tengo un sueño profundo cuando puedo y uno superficial cuando es el caso de estar en las trincheras.
De momento voy de la mano de la memoria. No vayamos a perdernos. Y dice el mencionado científico que los que roncan cuando duermen no pueden soñar porque es algo incompatible. Por no sé qué interacciones químicas que actúan en el subconsciente. Como estar en sociedad y echarse un pedo. No se puede.
No quisiera saber más que el científico intelectualizado pero creo que no lleva razón en esto último. Conozco uno que ronca cuando duerme y también sueña. Y ahí lo dejo que no quiero profundizar en eso para no crear controversia.
Pensar te provoca cierta trascendencia. Pero no pensar en nada, también. Yo soy de los que piensan mucho o demasiado. Reflexiono las cosas de la vida. Porque también son las mías. Pero sin urgencia. Siempre con nostalgia cuando es algo pasado. Siempre respetando la sobremesa y la siesta que es un tiempo indiferente en la vida de uno. Pero necesario.
Luego está el tiempo de las dudas razonables. El limbo de las ideas. El momento indigente del pensamiento. Y el tiempo de crear.
Dice el poeta que todo a su debido tiempo. Nunca amanece por la tarde y nunca anochece cuando empieza el día. Todo a su debido tiempo y apechugando con las consecuencias que se deriven. Las emociones y los sentimientos a veces explotan sin que haga falta pólvora o detonante.

Basta un aroma o una música.
O una voz susurrada.
Porque los jardines están marchitos a la hora de la siesta.
La que no se sueña.
Las manos estaban con ganas de pluma.
Y de otras cosas que tú sabes.
Sedientas de noche y de labios.
De sábanas calientes y sudadas.
Y de esas cosas íntimas que tú ya sabes de cuando nadie nos ve.
De viento que silba a través de las ventanas.
Madrugada fresca.
Gotas de rocío en las hojas.
Olvido de amarguras.
De bellezas ocultas.
De imaginar.

La noche que nos fuimos en la barca hasta la gran luna acurrucada sobre el horizonte. Mar inquieto de otoño. Los peces por la noche son más fáciles. Pero no íbamos a por peces. Fuimos a cumplir un sueño. Hacía frio y nos tapamos. Por eso la gente no quiere naufragar de noche.
Después el alba y con ella la vida seria y monótona. Un amanecer débil para un café fuerte. Y mientras hay gente que habla de Arturo y sus géneros. Es lo que hace entre bronca y bronca. Pero he pactado un día de quietud. No me han robado la noche y tampoco me robarán el día. Un día entre paréntesis.
Hoy toca caligrafía de clásicos. Prosa y verso. Ahora ya no se escribe así. Dice un contertulio que no entiende que se inventara la mentira porque siempre se sabe la verdad. Salud.

sábado, 5 de noviembre de 2016

62 agradecimientos


La Isla que habito,
la que me vio nacer,
la que ha visto pasar mi vida.
El mar y la montaña, indistintamente.
Los días de sol y las noches de luna,
con tormentas y calmas.

Empecé esta andadura sin experiencia,
por un camino a veces complicado
que cada día he de descubrir porque es nuevo,
aunque sé dónde me lleva.

He saboreado el fruto soñado
porque me viene a la memoria,
desde las raíces.
Y tú has irrumpido en mi.
Compartiendo amaneceres,
atardeceres y otros momentos importantes.

Horas vagabundas y horas trasnochadas.
Calles estrechas y calles con acera.
Momentos de niñez superada
y minutos de adulto que piensa y escribe.

Pues por todo eso mi gratitud.
A la vida, a todos y a todos.
Llevo cicatrices y rasguños,
nada importante aunque la cosa va en serio.

Con toda la libertad de que dispongo.
Sin ataduras.
Con el mar por testigo.
Quedo AGRADECIDO.

No me extiendo más porque tengo que seguir viviendo,
leyendo y escribiendo.
Que el tiempo apremia. Salud.



martes, 18 de octubre de 2016

Retrato

Fue un amanecer de viernes. No uno cualquiera. El primer viernes de otoño. Empecé a caminar tu sendero a la luz de las gotas del rocío. Porque la belleza también tiene su ritual. Y no te puede temblar el pulso cuando escribes. Nunca sabes si algún día te llamarán de la Academia de Oslo.
La calle de los viernes es ancha y tiene aceras de felicidad. Adaptada a la condición humana. Aunque no todos van por la acera. Se nota. Es complicado vivir un día que empieza desconocido y sin referencias. Lo montas a tu manera. Como hacen todos. Y resulta que hay puntos de coincidencia. Yo llevo siempre mi libreta y mi pluma para anotarlo todo. Que no quiero problemas.
Hay gente que ha estado en el desierto y ha escuchado voces. Ha visto lagos de agua cristalina y palmeras. Ha visto pájaros cruzar el cielo en silencio. No todo es arena, pues. Lo que tu quieras ver y escuchar. Sólo si hay predisposición. Como cuando caminas por la calle un viernes de otoño.
Dice el poeta que el concepto de cultura cambia en otoño. Eugeni asiente con la cabeza mientras Pepe sirve los cafés. Los caminos de montaña han sido invadidos por alfombras de hojas caídas de los árboles y traídas por el viento.
Los poetas ya no escriben letras sudorosas de salitre. Escriben letras de tristeza y melancolía. Letras de lluvia y soledad. Las nubes de tormenta decoran la calle los viernes de otoño aunque camines por las aceras de felicidad. La chimenea tendrá que esperar a que caigan las temperaturas. Las letras, entonces, tendrán otro significado.
Es complicado dar pasos decididos en un mundo confuso y que confunde. La importancia del tiempo cuando conoces el final de tu historia. Menos mal que tuve una infancia larga y lenta y una juventud tardía. Lo mejor que puedo hacer es colaborar con los días. Dejarme llevar. Suena simbólico pero ya no me quedan hojas para escribir más currículo. Vivir un poquito del cuento.
A todo eso, que luego se me olvida, digo que me encontré con Eugeni. Que llevaba tiempo sin mencionarlo. Me comenta que el otoño ha llegado como siempre por esas fechas. Como consecuencia de haber agotado el verano. Que todo tiene su fin. Está sentado en el porche viendo pasar el tiempo, el aire y la gente. Que lo hacen todos al mismo tiempo.
En ese pueblecito costero y pintoresco de la sierra mallorquina. Saboreamos unos higos con queso. Que es temporada. Tiene una edad tranquila que le permite llevar una vida sosegada. Es lo que tiene la jubilación además de un cero veinticinco por cien de subida anual. Un despilfarro para algunos.
A medida que cumple años piensa cosas más profundas. Ya ves. Y las ventila en las tertulias del café con leche. Cuando quiere amanecer y no siempre lo consigue. Se ha vuelto sensible y lo reconoce. Sabe que son los años. Estos que te hacen sabio mientras te van matando sigilosamente. Hoy ha caído una buena tormenta y ha llegado a la conclusión que quien tiene más poder en la tierra es el mar.
Parece que anda despacio pero es que tiene un andar adaptado a su edad. Y con eso bajamos a la playa para ver la puesta de sol. Que hoy será de las que ya no se veían. Hace poco estuvimos en las Converses de Formentor. Le gustó Roberto Calasso. Empezó hablando cuando el sol empezaba a ponerse. Cuando terminó sólo quedaba la luz del crepúsculo.
A todo eso se me ha hecho tarde y mañana hay que madrugar. Os dejo con un poco de entretenimiento para antes de acostarse. Lectura relajante que los sueños hay que prepararlos para que sean felices. Por si algún día se hacen realidad. Salud.


sábado, 1 de octubre de 2016

Generosidad

Hoy, ha sido verte y, me he fijado en tu manera de sonreír. Sin duda de las que destacan. De las que yo no sé. De las que no se olvidan. Una forma de sonreír de primavera pero estando en otoño. De mente privilegiada y de vientre fértil. Una sonrisa feliz. Y eso, hoy en día, tiene mérito.
Y luego, inmediatamente, y casi por instinto, me he fijado en tus ojos y en tu mirada. De generosidad. De arte y poderío. Una mirada de las que tampoco se olvidan. Que traspasa fronteras y te hace soñar.
Has llegado hasta mi batiendo tus alas silenciosas. El aire abría paso. La vida se ha detenido y me ha hecho tambalear. El viento ha bajado del bosque para verte. Unos andares relajados y elegantes. Como cuando el agua de los torrentes se desliza sobre las piedras hasta llegar al mar.
Así las cosas la tertulia se ha torcido. Hablábamos de servicios sociales y te hemos incluido en la lista. Hemos enmudecido y hemos sonreído. Incluso el sol ha amanecido y nosotros mirando hacia otro lado. Hacia ti. Ha sido, por tanto, un amanecer huérfano. Sin público y sin aplausos.
Desde el horizonte han empezado a llegar olas. Brisas marinas. Una marea despistada. Las gaviotas han abandonado su nido de los acantilados. No había nubes para contemplarte. Aroma a romero y encinar. Y el tomillo que Pepe tiene sembrado para espantar a los mosquitos. Ciertamente no todos los días son iguales. Hoy hemos tenido sorpresas.
Contigo se olvida uno de las horas muertas. Del llanto en soledad que relaja. Activa la conciencia y la esperanza. Acompleja los sentimientos de poeta. La mente se abre y empiezas a rimar la prosa. Contigo no hace falta reloj ni horas. Me preocupa tanto que algún día mi mente pueda olvidar esta sonrisa y esta mirada.
Pero ha pasado. Ahora hay distancia de por medio. Las sombras pendientes de las nubes. Las tormentas han perdido las referencias. Todavía no han llegado las lluvias de temporada y siento las manos frías. Y las mejillas calientes. Los sembrados pendientes del tiempo para teñirse de verde. Cuando la lluvia me moje me acordaré de ti.
La ternura es transparente. Como las aguas mansas de una cala virgen. Las gotas de rocío brillarán de buena mañana. Y también me acordaré de ti. El otoño se cruzará con nuestras vidas y será malo de llevar. Las tertulias del café de la mañana serán despistadas porque miraremos alrededor.
Los pájaros pasarán de largo hacia sus nidos. Las aguas profundas del mar subirán a la superficie. El viento moverá la niebla y la desplazará. Y todo porque esta mañana me fijé en tu sonrisa y tu mirada. Cautivo de tus ojos. La vida se diluye en mil cosas. El eco cruza el paisaje pero no lo rompe. Un mundo asombroso cercano al desorden.
Dice el poeta que una bocanada de aire fresco nunca es una amenaza. Y que un buen recuerdo nunca hace daño. La tierra mojada por la lluvia huele de otra manera. Las tempestades se ven distintas. Y cuando el frio sea intenso encenderé la chimenea. Me haré un café. Cerraré los ojos y volveré a ver tu sonrisa y tu mirada. Y en las tertulias diré que te he visto. Sólo Eugeni me creerá. Salud.

lunes, 12 de septiembre de 2016

Personalmente

Entre tanto seguimos en verano. Ha llovido una vez y no se ha repartido como debería de ser. Por tanto no refresca. Este verano algunos se han muerto. Si lo han hecho en el otoño de sus días no habrá nada que objetar.
Me gustaría saber quién maneja de forma obstinada los minutos de mis horas y de mis días. Y con qué criterio. Lo ideal sería hablarlo y llegar a un entendimiento. Al fin y al cabo son mis días.
Convivir implica alternancia de aprecios y desprecios. Acuerdos y desacuerdos. A veces nos dañamos el corazón y el alma sin darnos cuenta. O a sabiendas.
La vida de los demás se puede ver a través de los cristales. La mía la veo a cada momento. Aunque no siempre le hago caso. Así comenzamos a vivir sin conocer el final. Pero un día lo descubrimos. Y en vez de asustarnos seguimos como si nada. Será que la muerte no nos quita el sueño.
Al final del verano la luna se ve más pálida. Pero no es nada grave. Ya volverá la primavera.
Será cosa de este desgobierno sombrío del gobierno que lo hace en funciones. Los contertulios jubilados ya no leen ni la prensa. Ni los titulares. No hay nada nuevo. El interés está en la vida porque ellos no viven en funciones.
Cada día tengo una hora terrible. La he elegido personalmente. No es una imposición. Es una forma de asediar la rutina que me puede matar. Luego la tengo que compensar con momentos tranquilos. De los de andar con pantuflas o descalzo. De pensar y darle vueltas a las cosas y a las personas. Tengo una mente metafísica que no para. Camilo José Cela Conde me introdujo en la Antropología Social.
No creo que nadie pueda moldear el agua del mar. Ni el viento cuando sacude las ramas de los árboles. Pero podemos aprovechar ese tiempo. Yo me dejo acariciar por ambos. A veces tengo la sensación de que hay cosas de la naturaleza que nunca se dejarán dominar. Quizá es que me falta tener una mente Potteriana. Será.
La noche siempre es dócil . Nunca me ha aturdido la noche ni cuando ladran los perros. He sido transeúnte de la noche incluso con tormenta. Pero nunca se la llega a conocer del todo. Y cuando termina sé que nunca nadie ha podido impedir el amanecer. Será por eso. La luz gana a la oscuridad lo que la oscuridad ganó a la luz.
El cielo y la tierra se juntan para tratar sus cosas. Lo hacen sobre el horizonte, Lo sé porque lo he visto. Dice el poeta que quién pudiera llegar a ese punto podría reencontrarse con sus antepasados. Si no lo consigues siempre te quedará el recuerdo.  
Ahora mismo no se me ocurren demasiadas cosas. Mira la hora que es. Pronto será mañana y yo necesito dormir y soñar. Estoy enjaulado en mi tiempo, en mi campo, en mi ciudad y en mi mar. Las cosas se solucionan por la mañana al amanecer. En el bar de Pepe.
Un fulano por la radio dice que nos tocará vivir una vejez occidental. Que en oriente se vive de otra manera. A mi personalmente no me molesta. He visto que todos lo hacen así. Salud.

jueves, 28 de julio de 2016

Aventuras

Los diálogos pausados y certeros entre personas coherentes y del todo insobornables me atraen. Instalados en la realidad y en la profesionalidad. Amparados en aquello de que igual la utopía no existe. Y esas cosas de es verdad o no es verdad.
Capaces de conocer el mérito donde lo hay y reconocerlo. De las pifias lo mismo, si es el caso. La mirada estudia la persona y su entorno. La gestualidad de una silueta. El tono de una voz sin prisas. Enredados en la supervivencia de la vida. Así comenzó el día.
Entre palabras, miradas y gestos de los de siempre. Y el café que era de verdad. Que quienes seguís este blog ya sabéis quienes son los de siempre. Esta gente mayor y madura. Inteligente y sabia por los años. Que sólo dejan de hablar para degustar su café con sacarina. Una idea sobre la mesa en un día que amenaza más calor todavía. Estas próximas navidades tiene que haber libros.
Estamos en verano y se anticipan. Porque el tiempo tiene mucho valor a cierta edad. Uno no sabe. Ningún niño sin un libro de aventuras. Es cuestión de organizar el tinglado. Recogida de libros en donación. Catalogarlos. Y en navidad repartirlos a los niños y no tan niños. Muchos son abuelos y saben de qué hablan.
A través de los colegios si damos por hecho que son la cuna del saber y de la conciencia del saber. Otros reparten comida. Que también. Nosotros cultura que mucha falta hace. Máxime cuando el ministro del deporte hace tiempo que ha puesto el chiringuito en venta porque está contratado eventual.
No es un tema menor aunque es posible que los haya más importantes. La conciencia de ciudadano libre tiene que venir a través de la cultura. De la cultura en general. Es un trabajo que ya se ha hecho en otro orden de cosas. Será fácil pues siempre que tengamos suficiente voluntad y voluntariado para acometer el empeño.
Hay que llegar a todas las sensibilidades de la comunidad educativa inteligente como clave del éxito. Se excluyen libros religiosos y de política porque en ambos casos se miente más de lo imaginable. Además es algo muy personal y secundario. Prima la aventura. No haremos ascos de la narrativa, poesía, ensayo o teatro. Pero los niños necesitan aventuras para afrontar con garantías la edad adulta responsable.
Alguien apunta a la colaboración de los intelectuales. Ya empezamos con más de lo mismo. Como si la intelectualidad fuera algo exclusivo de los que han escrito un libro, han sido protagonistas de una película o tienen un premio de su ayuntamiento o comunidad autónoma. Cavilaciones y discusiones constructivas para el éxito de la empresa.
Dicen que vivir y escribir van de la mano. Leer y vivir dignamente, también. Que nadie ponga pegas a la libertad de pensar a través de la lectura de un libro. Pues eso pensamos todos los que pensamos. Incluso nos hemos permitido extravagancias. Una pequeña dosis de lucha para que la utopía se haga realidad. Es un paso más en la actitud ante la vida.
Queremos empezar fuerte y con tiempo para asegurar el éxito y la permanencia.
Las palabras atrapan. Si son de aventuras, en los años jóvenes,  más y mejor. La necesidad de imaginar empieza en la infancia. De pequeños. Vamos a apartar por unas fechas los utensilios electrónicos para volver al papel escrito. Letras gastadas de haber sido leídas. Esquinas de hojas amarillentas de haber sido manoseadas o acariciadas. Algún subrayado que ya tiene dueño. Hacer un robado de alguna anotación al margen que nos gusta.
Pero nos da igual. La idea para vender la idea es la del perro de Sebas. Cicerón. Que viene hasta ti con un libro en la boca. Te lo deja encima para que se lo leas. Se sienta delante con mirada de interés en espera de que empieces la lectura de la aventura. Será un buen reclamo.
A todo esto no ha cesado el bullicio de la gente que pasa con prisa por aquello de no llegar tarde. Los conductores que tocan las bocinas de forma llamativa para ganar minutos en lugar de levantarse un poco antes. El sol ha salido de escándalo. Veremos lo que ocurre el resto del día.
Salud.